El Congreso Anual 2002 de ADLAF

Trayectorias de una modernidad mexicana

Programa (PDF)

fue llevado a cabo en Berlín entre el 13 y el 15 de noviembre de 2002, organizado por el Instituto Iberoamericano PK en el marco del proyecto conjunto MEXartes-berlin.de, en Haus der Kulturen der Welt, (Casa de las Culturas del Mundo) John-Foster-Dulles-Allee 10,10557 Berlin (Tiergarten).

Dentro del estudio de las sociedades latinoamericanas México ha tenido desde siempre un papel especial marcado tanto por su situación geográfica como por lo específico de su historia política y su experiencia cultural.
La diversidad cultural, las re-orientaciones económicas y las fracturas políticas han sido determinantes desde la revolución en el desarrollo político del país, de manera que no fue posible el establecimiento de un modelo de modernidad homogéneo. La pluralidad de espacios e identidades nacionales, postnacionales, híbridas y transculturales se ha vuelto mucho más visible, y las ideologías nacionales hasta entonces vigentes parecen haber llegado a su fin con el descentramiento del discurso nacional.
Múltiples rupturas con tradiciones legadas y patrones de autoridad, conflictivas fracturas en dicha herencia, así como (re)construcciones de los órdenes simbólicos y de las representaciones culturales han caracterizado la transformación del país a lo largo de las últimas décadas. A pesar de la estabilidad política, las fuentes de legitimación se han vuelto precarias; la internacionalización de la vida política interna a través del TLCAN y la guerrilla de Chiapas han surtido efecto en la presión modernizadora ejercida sobre el sistema político hasta el cambio de gobierno del año 2000. Sin embargo, tampoco el nuevo programa político se ha visto capaz de cerrar el abismo existente entre el deseo y la realidad, entre las expectativas y la capacidad productiva del orden político. Las protestas y las limitadas capacidades de modificar las premisas institucionales y simbólicas de la sociedad mexicana caracterizan un cambio que se le está escapando de las manos a las autoridades políticas y culturales, sin poder al mismo tiempo forjar un nuevo patrón para esta sociedad. El México de la OCDE vacila entre sus propias esperanzas de ser un exitoso país de desarrollo emergente y las realidades de una modernización irregular y asincrónica de su economía, su sociedad y su política, todo ello en el marco de la pluralidad cultural que apenas se está reconociendo oficialmente.
A menudo el comportamiento de los actores y de los movimientos sociales sigue influido en el marco de lo social por tradiciones inventadas. En muchos ámbitos relacionados sobre todo con la cultura, como la literatura, el cine, la arquitectura o incluso también en la cultura popular o en la juvenil, se están haciendo a su vez patentes unas formas nuevas de construcción de la identidad que parecen estar caracterizadas por la transgresión de fronteras territoriales y sustantivas. En los espacios públicos tradicionales y nuevos está por gestarse una competencia por el control de los medios de comunicación y del público. El cambio en México se tiene que buscar de este modo en el signo de la pluralidad, de la transformación de las estructuras existentes dentro del contexto de la internacionalización y de la globalización, así como de la descentralización de una sociedad que gira cada vez menos en torno al centro tradicional del sistema, conformado por la capital, el PRI y la ideología oficial.
La diversidad de la modernidad (S.N. Eisenstadt), la pluralidad de las vías a la modernidad y a través de ella, son para México un tema de actualidad, aunque el discurso sobre la postmodernidad se esfuerce en trazar una imagen diferente. La modernidad que se define en tal contexto como la mentalidad de una época que mira hacia el futuro - un futuro que se cree presumiblemente distinto y posiblemente mejor que el pasado y el presente (G. Therborn) - ha alcanzado a un gran número de actores y esferas que se discutirán en el marco de las jornadas de ADLAF.

1. Espacios de la modernidad
La heterogeneidad de la modernidad mexicana se refleja en las diferentes regiones geográficas. Las viejas homogeneidades se vienen desmoronando día a día. La antigua dicotomía entre un Norte y un centro industrializados y abiertos al mundo por un lado frente a un Sur de marcado carácter campesino e indígena por el otro lado cada vez es menos sostenible. Junto a los espacios económicos estructuralmente diferenciadores se vienen cristalizando distintos espacios culturales, sociales y políticos con crecientes grados de diferenciación. Así la regiones fronterizas del Norte y del Sur ocupan una posición destacada, sea por la cercanía con la EE.UU. o por la presencia del conflicto en Chiapas. Mientras que en el Sur destaca una identidad étnica politizada y una regionalización creciente, en el Norte se ha originado un espacio de transición en el que se diluyen las fronteras claras. Por igual, los cambios conceptuales de las últimas décadas en la definición de espacios públicos y privados impactan profundamente sobre las diferentes formas de expresión de la modernidad, no solamente en su dimensión geográfica sino también sectorial.

2. Procesos y estructuras de la modernidad
La vía mexicana a la modernidad tiene su inicio en los acontecimientos históricos de los comienzos del siglo XIX. Al alcanzar la independencia de España, México se constituye como nación. La revolución mexicana de principios del siglo XX señala a su vez la tan ansiada transición política, económica y social de México hacia un Estado moderno.
Se origina un sistema político y económico de relativa estabilidad y rasgos autoritarios que sirve para controlar con éxito la vida del país a lo largo de varios decenios. Durante los últimos años se hacen patentes las transformaciones decisivas que desembocan en el cambio del sistema de partidos, en una diversificación plural de los medios de comunicación, en la disolución de los tradicionales monopolios de opinión pública y en la creación de nuevos espacios públicos.
El debate sobre la concepción mexicana de la democracia surgido como consecuencia del levantamiento de Chiapas y la victoria electoral de Vicente Fox dan un nuevo impulso a la modernización política en México.
Con el proceso de implantación del TLCAN, México se concentra aún más en sus relaciones económicas con los EE.UU, lo que contribuye a la dinamización de amplios sectores de la economía nacional si bien al mismo tiempo ha originado nuevos factores de dependencia y marginación. La adaptación económica del país y la armonización entre la modernización política y la económica siguen siendo retos vitales para el país.
Los procesos y estructuras de la modernidad (democracia, redefinición de las esferas políticas, participación de la sociedad civil, diversificación plural de la opinión pública, delimitación de las tareas estatales y sociales) aún no se afirman sobre una base nueva ; todavía queda pendiente la generación del consenso necesario.

3. Modernidad fragmentada
Se puede partir de la premisa que la mayor contradicción de la modernidad mexicana radica en una asincronía presente en todos los niveles de la vida social. También aquí el origen histórico del mal se hace tangible en el siglo XIX: la escasa implantación estatal a lo largo del territorio nacional, que no sería solventada hasta el período post-revolucionario. Las peculiaridades de este camino hacia una modernidad mexicana no son sólo atribuibles a la revolución mexicana, sino también a los efectos de los procesos de modernización de carácter político, económico, social y cultural. Si bien a lo largo de la frontera con los EE.UU. han surgido nuevos espacios económicos y culturales, al mismo tiempo se hace sensible el influjo de la sociedad estadounidense por todo el país, influjos que dejan su huella en la cultura cotidiana de la población. Influencias recíprocas y transgresiones de fronteras culturalmente establecidas no se limitan empero exclusivamente a la región mencionada, sino que forman parte del diario de muchos mexicanos y mexicanas, ya sea como migrantes o de la mano de influjos y adaptaciones culturales. La diversidad cultural no desemboca en unas diferenciaciones culturales, sino que deja su impronta en distintas culturas juveniles y construcciones de género divergentes.
Una de las contradicciones más evidentes del México moderno es ostensible en la relación entre Iglesia y Estado. A pesar de la marginación de la institución eclesiástica iniciada por el gobierno con las reformas liberales en el Siglo XIX y radicalizada a principio del Siglo XX o precisamente por tal motivo, se ha podido mantener una religiosidad de gran calado entre la población y una fuerza de convicción moral de las instituciones eclesiásticas y religiosas. Las recientes revisiones a las leyes de Reforma le conceden a la Iglesia un papel más estratégico en su influencia en lo político o lo simbólico; lo que ha sido y es de gran relevancia por ejemplo de cara a la asignación de los roles de género.
Sin embargo, en los últimos años la descentralización de la vida política, económica, social y cultural ha conllevado una nueva modernidad híbrida en México. Habría que tratar a fondo qué significación tienen en este terreno la transformación de las sociedades indígenas y los cambios en las relaciones de género. Al mismo tiempo hay que tener en cuenta también los diferentes influjos por parte de los intelectuales europeos así como el papel de los EE.UU. como tribuna de reflexión y espacio de resonancia de proyectos mexicanos de modernidad.

4. Identidades colectivas y modernidad
Ya desde la independencia se aprecian algunas peculiaridades frente a Europa en cuanto a que la nación se ha concebido por un lado como conjunción de individuos y por el otro como conjunción de corporaciones. Entre las peculiaridades de México está la identidad nacional, redefinida después de la revolución. Bajo el término de mestizaje se entendía la nueva identidad como simbiosis de los aspectos españoles e indígenas vigentes en el país, lo que recogía por primera vez el orgullo de poseer unas raíces y culturas indígenas propias. Este discurso, predominante aún hoy en día, se ha venido cuestionando repetidas veces en el pasado y en las fases más recientes se han ido mermando sus fundamentos, lo cual implica repensar la mexicanidad. La visión de una cultura unitaria que contiene tanto elementos indígenas como el legado de la cultura española desarrollada durante la Revolución, tiene prioridad como discurso a lo largo de varios decenios y se ha visto además legitimada artísticamente a través de los monumentales murales patrocinados por el Estado. La ideología oficial del mestizaje encuentra cabida en el indigenismo institucionalizado por el Estado; acompañado a su vez de un indigenismo literario, que cuestiona en parte dichas estrategias.
Desde el punto de vista cultural los antiguos modelos de modernidad pierden su carácter orientador. Contradictorias en sí mismas, las construcciones identitarias y posiciones culturales nuevas proporcionan la imagen de una postmodernidad o incluso de una hipermodernidad. Al mismo tiempo persisten las construcciones tradicionales de identidad, en las que ni la modernidad socioeconómica ni la estética pueden servir como modelos a seguir. Las contradicciones entre los dos conceptos de modernidad que vienen divergiendo entre sí desde mediados del siglo XIX se configuran por ende de forma aún más compleja en el contexto mexicano de la sincronía de lo asincrónico; sigue pendiente la cuestión sobre la existencia de una postmodernidad cultural sin una implantación previa de la modernidad (N. García Canclini).

5. Portadores de la modernidad
Uno de los actores "tradicionales" de la modernidad lo constituye la elite política y económica del país, que posee una muy buena formación académica y ha asumido un sesgo tecnocrático cada vez más fuerte. Los políticos del pasado han cedido su lugar a economistas tecnócratas formados en las universidades estadounidenses, lo que ha tenido consecuencias de gran alcance de cara a los procedimientos de decisión y de legitimación.
El importante papel social que los intelectuales venían representando como "Pfadfinder" de lo moderno empieza a sufrir también una transformación fundamental. Las posiciones de la "nación" se reflexionan de forma crítica a la vez que se cuestionan los procesos político-económicos de modernización. Al mismo tiempo se va reduciendo la función de los intelectuales como guías de la sociedad y la tradicionalmente estrecha conexión entre los discursos políticos y literarios tiende a desaparecer. Los intelectuales de hoy en día contribuyen a la legitimación del discurso dominante en mucho menor medida que aquellos fundadores de la mexicanidad en sus aspectos filosóficos, literarios, artísticos y teórico-culturales (José Vasconcelos, Samuel Ramos, Octavio Paz y Diego Rivera entre otros). Los medios de comunicación y los movimientos sociales adquieren mayor prominencia, proceso éste que conlleva efectos concretos para el paisaje cultural mexicano. La proliferación de centros de cultura en la "periferia" del país, la creciente participación de representantes de las minorías étnicas así como la mayor significación de la comunidad mexicana en los EE.UU. son notas características de esta transformación. En ella concurren compitiendo entre sí los "nuevos" y los "viejos" movimientos sociales, tal y como puede apreciarse por ejemplo en los sindicatos, en las organizaciones no gubernamentales y en los movimientos sociales urbanos y rurales.
Así podría profundizarse el análisis de la importancia que adquiere la población civil en su conjunto como participante y forjadora activa de los diversos procesos de modernización y qué ventajas se derivan de esto.

6. Política exterior e integración
El entramado de los mercados regionales, nacionales e internacionales es uno de las características más sobresalientes de los procesos de modernización de carácter mundial en los que México se encuentra inmerso. Con la focalización de sus relaciones comerciales hacia los EE.UU. en el marco del TLCAN, México toma en el año 1994 una decisión de orientación, que hoy se quiere completar a través de la diversificación de las relaciones exteriores con Europa y el área Asia-Pacífico. En la actualidad, tras la firma del TLC con Europa México debe definir su posición con respecto al TLC de las Américas, que podría significar un menoscabo en su posición privilegiada de acceso al mercado estadounidense.

7. Panel final: Contexto global de México