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El Congreso Anual 2003 de ADLAF

Migraciones

Programa (PDF)

fue llevado a cabo a través del Instituto Arnold-Bergstraesser y del Seminario de Ciencia Política de la Universidad Albert-Ludwig del 13 al 15 de noviembre del 2003 en Friburgo.

El desarrollo del subcontinente latinoamericano desde hace 500 años se ve influenciado en forma decisiva por los procesos de migración. En el curso de la conquista de América inmigraron por sobre todo españoles y portugueses hacia América Central y Sudamérica, mientras que ingleses, holandeses y franceses se establecieron en el Norte y en el Caribe. Más allá de esto, la colonización condujo a importantes movimientos migratorios de la población indígena, la que fue desplazada por la fuerza por los colonizadores, o bien trató de sustraerse de los trabajos forzados y del pago de tributos por medio de la huida. Con la difusión de la economía de plantación en el Caribe y en el Brasil millones de esclavos fueron trasladados por la fuerza desde Africa hacia América. Este desarrollo poblacional determinó el surgimiento de sociedades de carácter mestizo o híbrido desde el punto de vista étnico-cultural.
Durante el proceso de constitución de la nación y en el marco de los estímulos estatales al desarrollo económico la migración jugó asimismo un rol importante, en especial la migración masiva de europeos entre 1850 y 1930. Mientras que estas corrientes fueron acogidas positivamente, los inmigrantes árabes y asiáticos enfrentaron más bien rechazo. En el siglo XX los procesos migratorios cambiaron. La inmigración transcontinental se redujo paulatinamente a un nivel más bajo, aunque constante. Los mayores movimientos migratorios en el continente latinoamericano durante el siglo XX tuvieron lugar como consecuencia de la urbanización y la migración del campo a la ciudad dentro de los respectivos países. Además, el otrora continente receptor de inmigración se transformó en la segunda mitad del siglo XX en una región expulsora de migrantes. Junto a la migración extraregional aumentó también la migración intraregional. El establecimiento de las dictaduras militares represivas en el Cono Sur y el conflicto centroamericano desencadenaron en los años '70 y '80 una importante ola de refugiados. Conjuntamente, los costos sociales de las reformas económicas neoliberales causaron un proceso migratorio - esencialmente de orden extraregional - en los años '90. El número de los migrantes latinoamericanos creció de 8, 4 millones (1990) a 15 millones (2000). Aproximadamente la mitad de ellos emigró a los Estados Unidos, donde los hispanos representan a todo esto alrededor del 13% de la población, siendo la minoría étnica de más rápido crecimiento.
La investigación de la migración constituye un campo multidisciplinario por excelencia. Consecuentemente la orientación multidisciplinaria del Congreso hará suyas tanto cuestiones de las Ciencias Sociales como de las Ciencias de la Cultura. Un desafío esencial de la investigación sobre la migración en las Ciencias Sociales consiste en relacionar los procesos políticos y socio-económicos del nivel macro con las decisiones tomadas - no siempre sobre fundamentos racionales - a nivel micro. El cambio de domicilio implica al mismo tiempo un quiebre con los sistemas referenciales sociales y societales conocidos y exige la adaptación a un medio socio-cultural extraño. Por consiguiente, la migración se relaciona siempre con un proceso de construcción y reconstrucción de las identidades. La rama de las Ciencias de la Cultura que investiga la migración se concentra en las creaciones culturales de los migrantes, pero se ocupa también de la oferta cultural de las sociedades receptoras de migración. Después de que la atención se centrara largo tiempo en los procesos de migración interna, actualmente se examinan sobre todo los movimientos migratorios internacionales y las sociedades transnacionales. Aquí la Ciencia de la Literatura orientada a los aspectos científicos culturales ofrece un corpus de bibliografía ya difícil de visualizar de "textos transnacionales" de autores latinoamericanos (en forma creciente también en idioma inglés), que en su carácter de "literatura del exilio", literatura "étnica" así como también literatura de la "diáspora" dan cuenta de diferentes perspectivas, presentando así diferentes bosquejos de identidad.

Temas principales:


(1) Migración y tranformación del espacio: Delimitación y disolución de fronteras relativas a los migrantes, y comunidades transnacionales
Los procesos de migración se estructuran a través del orden espacial de las sociedades, a las que a su vez modifican. Esto resulta claro por ejemplo en la reagrupación de la población indígena en las así llamadas reducciones durante el período colonial. Para los migrantes el espacio no sólo es importante por el hecho de que los procesos migratorios abarquen una dimensión espacial, sino especialmente porque el lugar concreto que les atribuyen las sociedades receptoras a los inmigrantes representa su posición en el orden social. Sin embargo, el espacio público no se encuentra a disposición de todos los grupos sociales en la igual medida. A raíz de los procesos de exclusión en los países receptores con frecuencia se configuran ghetos y sociedades paralelas. A través de los movimientos migratorios surgen no solamente redes de migrantes sino también nuevas regiones fronterizas ("Mexamérica") y diásporas así como comunidades transnacionales. En estas últimas paulatinamente se disuelve el espacio geográfico del social, dado que los migrantes mantienen una estrecha vinculación con su comunidad de origen y siguen allí activos como actores sociales. Esto conduce a la transformación de los vínculos nacionales y al surgimiento de nuevas formas de identidad social. Para la praxis literaria (en sentido estricto así como en sentido amplio) - en el ensayo cultural crítico así como en la novela, el teatro y la lírica - la cuestión de la identidad vinculada a los espacios y los territorios continúa siendo una preocupación central, aunque la experiencia de cada migrante impregnada por la huida y el exilio - esto es el conflicto entre espacios culturales e idiomáticos concurrentes entre sí y los mundos de vida concomitantes - son focalizados de forma diferente.

(2) Migración y construcción o bien reconstrucción de identidades
La migración se relaciona siempre con un proceso de construcción y reconstrucción de identidades colectivas. La conformación de grupos-de-"nosotros" entre los migrantes se ve determinada esencialmente por los mecanismos de exclusión que predominan en la sociedad receptora. Cuanto más estrictas sean las fronteras sociales que se establecen respecto a los inmigrantes, más difícil resulta el proceso de integración. En este contexto el concepto de ciudadanía estatal juega un rol importante. Este abarca no solamente la regulación legal de la ciudadanía, sino también la configuración de los derechos políticos, sociales y culturales. La generación de un sentimiento de pertenencia con frecuencia tiene lugar a través de la escenificación de los mitos fundacionales en fiestas y a través de la creación de símboles generadores de unidad. Los grupos religiosos (como por ejemplo las religiones afroamericanas y las así llamadas "nuevas religiones" así como las iglesias pentecostales) ofrecen asimismo a los migrantes importantes puntos de referencia comunitarios. Sin embargo, junto a las fronteras sociales también las de carácter idiomático tienen un rol esencial en la percepción de lo extraño y lo propio por parte de los grupos de migrantes y en la configuración de identidades colectivas. En la esfera literaria resulta claro que los autores y autoras más jóvenes se han distanciado del concepto de identidad "nacional" o "étnica", el que es concebido respectivamente como esencialista y estático al mismo tiempo que antagónico e inclusivo, y favorecen un concepto de identidad en cierta forma sin fronteras, dinámico e intersubjetivo, un concepto que categoriza a las fronteras de la border identity ya no en líneas de frontera, sino como espacios fronterizos, o las sitúa como identidad "nómada" o de la "diáspora" en el espacio totalmente desvinculado del territorio de la "global nation".

(3) Migración y género
Ya durante el período colonial y en el siglo XIX las mujeres participaron con frecuencia de los procesos migratorios, especialmente en la migración interna. Asimismo las migraciones contemporáneas se caracterizan por una alta cuota de mujeres, debido no sólo a la reagrupación familiar, sino también a los requisitos cambiantes del mercado de trabajo (sector de los servicios, migración de personal de servicio femenino). Aquí las experiencias de hombres y mujeres adquieren diferentes características. No sólo se incorporan en diferentes segmentos del mercado de trabajo, sino que además se pueden distinguir motivos específicos en cada sexo respecto a la migración. Más allá de eso, la migración contribuye con frecuencia a la re-construción de la identidad de género. Los significados que los migrantes y las migrantes otorgan a la categoría género enfrentan otras concepciones vigentes en la sociedad receptora, lo que tiene repercusiones sobre la asignación de roles "masculinos" y "femeninos" y sobre la relación entre los sexos. A menudo se les atribuye en especial a las mujeres una actitud preservadora de la cultura, una concepción de los roles que sin embargo debe ser sometida a un examen empírico.

(4) Migraciones internas
La idea de una sociedad inmóvil de comienzos de la Edad Moderna no es aplicable a las sociedades coloniales latinoamericanas. Junto a la migración laboral forzada, a menudo de carácter temporario, la población indígena a menudo utilizó el abandono de sus comunidades de origen también para sustraerse del pago de tributos o de las estructuras vigentes en los pueblos. Además, a comienzos del siglo XIX se produjeron desplazamientos de población en el curso de las guerras de independencia. En el siglo XX no fueron de ningún modo las migraciones internacionales las que tuvieron mayores efectos sobre las sociedades latinoamericanas, sino las migraciones internas. Los procesos de modernización en la agricultura y la puesta en libertad y/o expulsión de las fuerzas de trabajo rurales relacionada con aquellos condujeron desde los años '50 no solamente a un abandono masivo del campo, sino también en forma aún más marcada a migraciones dentro y entre diferentes espacios rurales. En el curso del proceso de urbanización se produjeron tanto cambios cuantitativos como cualitativos en la migración interna. Los movimientos migratorios en las áreas urbanas y suburbanas están fuertemente relacionadas con la creciente fragmentación de la sociedad urbana y del espacio en la ciudad. Dichos movimientos influenciaron no sólo el modelo de extensión y la dinámica de las zonas residenciales de los grupos de población más pobres, sino que también condujeron al surgimiento de las así llamadas gated communities. Las nuevas tendencias en la migración interna determinan asimismo cambios en la conformación étnica y de clase de los grupos de migrantes.

(5) Globalización, migración internacional y regulación estatal de la migración
Aunque a mediados del siglo XX predominó la inmigración hacia Latinoamérica, se dieron también importantes migraciones en sentido contrario. A fines del siglo XIX entre otros los refugiados políticos de Cuba y Puerto Rico se comprometieron desde los Estados Unidos con la independencia de sus países de España. En los años '20 numerosos intelectuales latinoamericanos emigraron hacia París. Sin embargo, en las últimas décadas el otrora continente receptor de inmigrantes se convirtió en una región de emigrantes. Una característica de la globalización actual consiste en que si bien el comercio y los mercados financieros fueron fuertemente liberalizados, lo mismo no rige para el mercado laboral. Muchos países desarrollados aplican, por el contrario, una política de inmigración restrictiva. El manejo de la inmigración de acuerdo al principio de maximización de los beneficios y la minimización de los costos ha estimulado la formación de bandas de traficantes de personas, incrementado el peligro de que cada vez más refugiados y migrantes se deslicen hacia la ilegalidad y con ello hacia una considerable ausencia de derechos. Aunque la libre movilidad de la fuerza de trabajo en términos generales no forme parte de los procesos de integración latinoamericanos más recientes, estos bloques deberán ocuparse en forma creciente del problema de la movilidad del factor trabajo y de la protección de los derechos de los trabajadores. Junto a las tentativas a nivel internacional dentro del sistema inter- y latinoamericano de estados en los últimos años tuvieron lugar algunos intentos de desarrollar directivas para una futura política de migración y la protección de los migrantes. Junto a conferencias científicas cabe mencionar aquí en especial los procesos de armonización respecto a los trabajadores extranjeros en el marco de la diplomacia de cumbres de todo el ámbito americano (Proceso Pueblo; Conferencia Sudamericana de Migraciones).

(6) ¿Migración como chance tanto para los países expulsores como para los estados receptores?
La decisión de emigrar a menudo se relaciona con la esperanza de una chance económica, política, social o cultural. En diferentes momentos Latinoamérica ofreció asilo a los refugiados europeos y la posibilidad de construir una nueva vida. Sin embargo, estas chances no se dieron de la misma forma para todos los emigrantes. A la inversa, los latinoamericanos se beneficiaron de su migración en grados diversos. A nivel de la sociedad en general, los procesos de migración tienen amplias consecuencias tanto para los países expulsores así como también para los países receptores. En el siglo XIX y a comienzos del siglo XX los estados latinoamericanos esperaban impulsos positivos de la inmigración europea para la economía y para una "mejora" de la estructura de la población. Hoy los países receptores con frecuencia deploran los costos sociales y políticos de la integración y reaccionan con nacionalismos basados en argumentos étnicos. Los países expulsores sufren en especial por las consecuencias económicas del brain drain. Junto a sus costos implícitos, los procesos de migración y los concomitantes logros integrativos de los individuos o de las sociedades consideradas en su totalidad encierran también numerosas chances. Para los países expulsores la migración no sólo representa una válvula de escape para la población, las economías nacionales más bien sacan también provecho de las remesas de los migrantes. Para las familias en sí la emigración de familiares se torna a menudo en una estrategia de supervivencia. Los estados receptores, en cambio, pueden sacar ventajas de los recursos humanos de una sociedad multicultural de inmigrantes, siempre que estén en situación de establecer el marco de condiciones políticas necesarias para una política de integración exitosa. El concepto de identidad "global" o "nómada" de los "transmigrantes", favorecido en la discusión teórica dentro de las Ciencias de la Cultura, celebrado como "chance" de la tan citada globalización, debe ser sin embargo revisado, en vista del desequilibrio aún existente entre los recursos y las posibilidades de participación, dado que dicho concepto de hecho entra en conflicto con el férreo mantenimiento de las improntas regionales específicas en las identidades culturales que se observa por doquier.